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Lecisher Lee James tiene diez años, es la segunda de tres hermanas y la madurez con la que habla no es propia de su edad, seguramente su entorno ha forjado su carácter. Le gusta ir al colegio como a la mayoría de niños de Houties, allí se divierten y aprenden, y, al igual que el resto de compañeros y compañeras de su colegio, Lecisher sabe que le hace falta tener formación si en el futuro quiere tener un estilo de vida diferente al propio de Hangberg, la comunidad donde vive.

En las últimas tres semanas los habitantes de esta favela situada en Hout Bay (Ciudad del Cabo) han sufrido dos atracos, uno de ellos terminó con una persona hospitalizada y operada de urgencias, eso es lo que motiva a Lecisher a luchar por su comunidad: “Quiero ser abogada, ir en contra de la gente maleducada, de los que destrozan Hout Bay”. Sin embargo, derecho no es su única opción: “De mayor quiero ser abogada o científica. Tengo que terminar la escuela y luego ir a la universidad. Primero estudiaré para ser abogada y, si no me gusta, seré científica”.

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Al igual que al resto de niñas de su edad hay unas asignaturas que le gustan más que otras. ¿La razón? Los deberes: “Las matemáticas son mi asignatura favorita y la que menos me gusta es lifeskills, me mandan muchos ejercicios y si no los acabo en el cole tengo que terminarlos en casa”, al fin y al cabo solo tiene diez años.

Su rutina diaria es parecida a la de cualquier pequeño de tercero de primaria. Se levanta, desayuna, va a la escuela, come, vuelve a casa y hace sus actividades. Siempre le ayuda su madre, vive con ella y con su hermana mayor de quince años. Su hermana pequeña vive con su padrastro. Al preguntarle dónde prefiere estar, si en la escuela o en casa, contesta segura: “No es dónde me guste más, es dónde tengo que estar (…) En el colegio aprendo cosas que necesitaré cuando sea mayor”.

La educación en Sudáfrica es pública y obligatoria hasta los quince años; sin embargo, las diferencias entre clases se notan en la educación superior. En 2015 y 2016 se produjeron varios enfrentamientos entre la Policía y diferentes grupos estudiantiles con motivo del incremento en las tasas universitarias que había anunciado el Departamento de Educación Superior. Finalmente el organismo prometió no subirlas, pero en 2016 volvió a proponer la misma medida. Los estudiantes volvieron a salir a la calle y en esa ocasión el Departamento se comprometió a cubrir el incremento de las matrículas de los estudiantes con menos recursos, estudiantes como Lecisher.

A pesar de eso, las reivindicaciones juveniles no se detuvieron y el pasado mes de septiembre los universitarios de Johannesburgo marcharon por la ciudad bajo el lema #AccomodationIsLand (El alojamiento es tierra) para protestar esta vez en contra del encarecimiento de las residencias universitarias y los alquileres.

 


“Quiero demostrar todo lo que sé y hacerme valer. Si la gente me respeta y sigue mi ejemplo, entonces todo irá bien”


 

Según El País, en 2016 el Departamento de Educación Superior estimó que más de 200.000 estudiantes sudafricanos de las grandes ciudades carecían de un alojamiento en condiciones. Lo único que nos diferencia son las perspectivas de futuro porque Lecisher sueña con ir a la universidad, pero  será la situación económica familiar la que le permita cumplirlo o no: “Quiero demostrar todo lo que sé y hacerme valer. Si la gente me respeta y sigue mi ejemplo, entonces todo irá bien».

Con confianza dice: «Yo siempre le digo a mi mamá que no quiero ser abogada por el dinero, los abogados tienen mucho dinero. Yo ayudaré primero a la gente y luego me preocuparé por el dinero”. Antes de terminar la entrevista, con una sonrisa, concluye: “¡Hoy he sacado un sobresaliente!”. ¡Dona y colabora con una ONG como Meraki Bay para que podamos seguir ayudando a niños y niñas como Lecisher!

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